6 Causas para un proyecto de país

1. Justicia social

Después de una década de crecimiento sostenido de la economía, la Argentina sigue siendo una sociedad profundamente desigual. Las mejoras parciales en la calidad de vida del pueblo trabajador y en la intervención del Estado para compensar situaciones de vulnerabilidad, no significaron un cambio sustancial en la distribución de la riqueza y no alcanzaron para revertir el proceso de fragmentación que ha forjado la existencia de varios “países” dentro de uno.

Los beneficios del período de bonanza, que empieza a agotarse, no han alcanzado a todos los sectores por igual. En nuestro país hay por lo menos un cuarto de la población que percibe ingresos que no cubren lo mínimo para desarrollar una vida digna, es decir que viven en la pobreza. El promedio del salario real se recompuso, pero apenas supera en un 20% el nivel de 2001, que era muy bajo históricamente. Asimismo, uno de cada tres trabajadores –alrededor de 4 millones y medio de personas– está en negro. Por otro lado, la capacidad de generar empleo se fue estancando, lo que se traduce en un índice de desocupación y subocupación que abarca al 16% de la clase trabajadora. En otro orden, el boom inmobiliario y la lógica especulativa que domina en las grandes ciudades, hacen que para buena parte del pueblo, incluyendo a los sectores medios, el acceso a una vivienda digna sea un sueño difícil de alcanzar. Un fenómeno similar ocurre con las comunidades rurales ante el avance del agronegocio. Y lo mismo ocurre con el derecho a la salud y a la educación gratuitas y de calidad, en un marco en el que los sistemas públicos sufren la falta de recursos materiales, la inadecuación edilicia, la insuficiencia de personal y sobre todo la competencia desigual con el sector privado. A su vez, la Argentina también sigue siendo un país geográficamente desigual. La posibilidad de gozar de ciertos servicios e incluso de algunas políticas públicas depende muchas veces de la región del país en la que se vive.

Todo esto pone en evidencia una serie de características constitutivas del capitalismo argentino actual. La lucha por hacer primar los derechos populares, por disfrutar el acceso a los servicios sociales básicos, por apropiarse colectivamente de la riqueza generada por el trabajo del pueblo, en fin, por conquistar mayores niveles de bienestar y felicidad colectivas, está vigente en nuestro país y forma parte de una disputa estratégica que tiene como fin último la conquista de la igualdad social en todos los planos.

Para ello es imprescindible descartar cualquier ilusión de que ese avance del pueblo trabajador se haga sin afectar enérgicamente los intereses del poder económico, así como la idea de que se trate de esperar que estas transformaciones profundas lleguen desde arriba, a partir de la acción de un gobierno. Nosotros decimos con total claridad que no habrá justicia social sin poder popular, y en consecuencia que la organización de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto es el principal motor de la lucha por la justicia social.

 

2. Feminismo Popular

Nuestro proyecto político se basa en la pelea contra todas las formas de opresión, explotación y discriminación. En ese sentido, las reivindicaciones promovidas desde el movimiento de mujeres y de la diversidad sexual, como lo es el derecho a vivir libremente cualquier identidad de género ocupa un lugar central y estratégico. En otras palabras, pensamos que sin feminismo no habrá socialismo.

Los avances que se han logrado en los últimos años, en relación con algunos derechos sancionados y con el nivel de instalación pública que han alcanzado ciertas problemáticas, no pueden hacernos perder de vista todo lo que resta por conquistar y mucho menos desentendernos del trabajo político, social y cultural que implica cuestionar cotidianamente las prácticas, los estereotipos y las valoraciones que refuerzan el patriarcado y los mandatos sociales que consolidan las formas hegemónicas de vivir la sexualidad.

No caben dudas de que en el horizonte de una sociedad realmente justa e igualitaria, el derecho a decidir libremente sobre nuestros cuerpos es un aspecto elemental. Por eso la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito es hoy una tarea urgente. De la misma manera, es fundamental seguir bregando contra el femicidio y dando la pelea contra la trata de mujeres, niñas y niños para la explotación sexual, una batalla que supone la difícil tarea de enfrentar a un entramado mafioso que involucra al poder político, a la justicia y a las fuerzas de seguridad y que además mueve millones de pesos en todo el país.

 

3. Soberanía popular:

Para poner en pie un nuevo proyecto de nación, realmente independiente, que se proponga el bienestar de las mayorías populares, el cuidado del ambiente y la defensa de los intereses nacionales, necesitamos el manejo soberano sobre los recursos naturales y los sectores estratégicos del sistema productivo, así como también modificar radicalmente los criterios que guían el sistema financiero.

En la actual etapa ese objetivo implica asumir cambios estructurales. Por un lado, reorientar la renta extraordinaria del agro para el desarrollo industrial y establecer la nacionalización del comercio exterior para controlar la mayor fuente de divisas que tiene el país, mientras que paralelamente se ataca la concentración y la expansión indiscriminada del agronegocio con el objetivo de romper la dependencia creciente respecto de la soja. A su vez, ese nuevo proyecto de país implica asumir una política firme en relación con la deuda externa y la necesidad de que se anule la validez de todo lo que tiene de fraudulenta e ilegítima. Por otro lado, necesitamos un sector energético que responda enteramente a la órbita pública y que se estructure en función del autoabastecimiento y el desarrollo productivo autónomo.

Estas transformaciones son impensables sin una nueva institucionalidad que sepulte las normativas neoliberales vigentes (tratados de inversión, concesión de la soberanía nacional en instancias de arbitraje internacional, la propia Constitución Nacional del 94, etc.) y signifique la transformación del Estado actual en un Estado de nuevo tipo que limite drásticamente el poder de los sectores privilegiados y que basado en la participación popular aliente la democratización radical de todos los órdenes de la sociedad en los que esté en juego el derecho de las mayorías a una vida plena.

En este marco, el proyecto de país por el que luchamos también incluye la pelea por reorientar el uso del suelo y la propiedad de la tierra en función de nuestra soberanía alimentaria; por recrear un sistema de servicio público de transporte con participación de trabajadores y usuarios, recuperar el control sobre los puertos privatizados y reconstruir la marina mercante. En el mismo sentido, es indispensable la creación de empresas públicas que puedan intervenir como agentes de peso en determinados mercados (alimentos, medicamentos, telecomunicaciones, etc.). Finalmente, la soberanía popular también debe regir como criterio en contraposición a la lógica comercial que predomina en el sistema de medios masivos de comunicación. No sólo porque todo medio de radiodifusión hace uso del espectro radioeléctrico que le pertenece al pueblo argentino, sino también porque el ejercicio del derecho a la comunicación supone la posibilidad de que los pueblos produzcan autónomamente los símbolos mediante los cuales se piensan y se expresan.

Por todo esto la soberanía nacional es para nosotros necesariamente soberanía popular. En otras palabras, desde Patria Grande estamos convencidos de que a un modelo económico-social que ha significado más concentración y extranjerización económica, y que se ha sostenido (y propone sostenerse) en el relanzamiento de las estructuras políticas tradicionales, hay que oponerle un nuevo proyecto de país que tiene su pilar fundamental en el poder del pueblo trabajador y en la unidad de sus organizaciones y que se propone superar la dependencia, el saqueo y la irracionalidad que impone la lógica de la rentabilidad capitalista.

 

4. Patria Grande:

Consideramos que la articulación de las fuerzas sociales y políticas más avanzadas de nuestro continente es una cuestión estratégica. No se trata sólo de una cuestión de solidaridad con quienes resisten el saqueo, la depredación y la mercantilización, y buscan construir alternativas superadoras del callejón sin salida que nos propone el capitalismo globalizado para el siglo XXI. Esa unidad tiene un carácter más trascendental, si tenemos en cuenta que en nuestros países es inviable cualquier perspectiva de cambio verdadero a nivel económico, político y social si no es a escala regional.

En Nuestra América es imposible el ejercicio pleno de la autodeterminación y enfrentar a los factores del poder transnacional sin la conformación de un bloque de fuerzas populares que actúe mancomunadamente no sólo en situaciones defensivas, sino fundamentalmente para desarrollar políticas que pongan en primer plano las necesidades colectivas, el interés nacional y la soberanía popular en detrimento del interés del capital por expandir su capacidad de saqueo y de dominio al infinito.

Es imprescindible desarrollar la pelea sin vacilación contra las acciones del imperialismo y toda forma de subordinación a nuestros pueblos. En la etapa actual, sigue teniendo vigencia el rechazo activo de los tratados de libre comercio que impulsan los países más desarrollados y la instalación de bases militares que refuerzan los restos de la dominación colonial.

Por otro lado, apostamos a la Articulación de los Movimientos Sociales hacia el ALBA como un espacio de intercambio, solidaridad activa e intervención política junto a otras organizaciones de Nuestra América, rescatando así lo más valioso de las luchas americanas por la primera independencia y la tradición que marcaron los movimientos de liberación en el siglo pasado. Y colocamos como referencia ineludible del antiimperialismo más consecuente y de la ambición de trascender al orden capitalista a la experiencia del ALBA, en la que se encuentran asociados los gobiernos que pretenden darle forma a un nuevo tipo de relación entre los Estados y los pueblos en línea con la perspectiva del Socialismo del Siglo XXI.

 

5. Poder popular:

La política y el poder aparecen en la sociedad actual como tarea de especialistas, como ámbito de incumbencia exclusivo de los que cuentan con los recursos económicos, apellidos ilustres o reconocimiento mediático. Es más, en el sentido común expandido por el neoliberalismo, la política es aquella práctica mezquina, sin ética y sin principios que llevan adelante aparatos corrompidos y burocratizados. Por el contrario, los compañeros y compañeras que integramos Patria Grande apostamos a la construcción de una política gestada desde abajo, discutida en nuestros barrios, lugares de estudio y de trabajo, nos jugamos por un proyecto que devuelva poder al pueblo. Por eso un pilar estratégico de nuestra organización es la construcción y el fortalecimiento del poder popular.

Construir poder popular es poner como fundamento firme de toda proyección política la construcción de base en cada uno de nuestros territorios, el diálogo y el aprendizaje mutuo con nuestro pueblo, asumir que cualquier cambio vendrá de la mano del protagonismo efectivo de los explotados, oprimidos y marginados. Construir poder popular es construir nuestra autonomía como clases trabajadoras, torcer la relación de fuerzas a nuestro favor y generar las condiciones para un gobierno popular. Poder Popular es organización de los y las de abajo, es construcción de fuerza social y política emancipadora, es disputa integral -económica, política y cultural- contra la clase dominante del rumbo de nuestra sociedad. Para avanzar en la concreción de este horizonte estratégico la disputa por el Estado y la conquista de un gobierno popular son objetivos fundamentales. Pero no para administrar de manera progresista la maquinaria estatal existente, sino para avanzar en una transformación radical de toda su estructura, devolviendo poder real al pueblo hacia una democracia protagónica, participativa, popular y comunitaria. No habrá cambios fundamentales mientras las principales políticas públicas no sean decididas con la participación efectiva de nuestros pueblos, y Patria Grande inscribe en su horizonte de lucha ese objetivo fundamental.

 

6. Socialismo

Nuestro horizonte estratégico es la lucha para terminar con todas las miserias, muertes y padecimientos que el capitalismo produce a escala nacional y planetaria. Durante décadas las banderas del socialismo han sido defenestradas. Las fallidas experiencias socialistas del siglo XX y la hegemonía neoliberal instalaron con gran éxito la idea de que la única forma en que podemos vivir es bajo el capitalismo, que esto siempre ha sido y será así, y que a lo sumo la lucha es para que el capitalismo sea más “humano” o menos “salvaje”. Sin embargo, a la luz de las crisis recurrentes, las hambrunas, las guerras y las catástrofes ambientales, hoy vuelven a ser millones en todo el mundo los que se rebelan contra esta realidad. Más aún, gracias a la lucha que los pueblos de Nuestra América hemos protagonizado, gracias al surgimiento de liderazgos como los de Hugo Chávez o Evo Morales, la palabra socialismo reapareció en el vocabulario político de la última década.

Los y las que hacemos Patria Grande estamos cada vez más convencidos y convencidas que este sistema debe ser superado si aspiramos a una vida digna para nuestros pueblos y a un futuro para la propia especie humana. Pero no será repitiendo formuladas de manual, reeditando biblias o con vanguardias esclarecidas que alcanzaremos ese objetivo. Una sociedad futura deber nacer de las condiciones existentes, debe ser creación renovada, debe asumir la lucha en el conjunto de las dimensiones económicas y políticas, pero también culturales y éticas, que pueden hacer posible el tránsito a una sociedad que no esté basada en el explotación de los trabajadores y trabajadoras.

Por todo esto es que inscribimos en nuestras banderas la lucha por un socialismo para el siglo XXI de carácter popular, democrático, latinoamericano ecológico y feminista. También sabemos que el socialismo será obra de los pueblos, o no será. Por eso el socialismo que reivindicamos es radicalmente democrático y está basado en el desarrollo del poder popular y del gobierno del pueblo. La fórmula, absolutamente abierta y en construcción, de “socialismo del siglo XXI” intenta expresar esta vocación profundamente democrática, creativa, latinoamericana y no dogmática que nos anima a la búsqueda de una “creación heroica” junto al conjunto de nuestro pueblo.

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